Mis lechugas, mi nueva forma de ver la vida
Hace algunos meses conocimos a Ger, una mujer de 58 años dedicada a asuntos religiosos, que vive sola y con debilidad visual, que le ha impedido tener un trabajo remunerado durante toda su vida, dependiendo de una modesta pensión.
De manera casi paralela, los integrantes del clan conocimos a Martín, dedicado a cultivos hidropónicos, quien nos explicó el proceso de esta técnica, surgiendo de ahí la idea de apoyar a Ger con un cultivo de este tipo, el cual podría hacerla sentir útil, al tiempo de incrementar su autoestima y generar un cambio en su entorno inmediato a través del cultivo de su propio alimento y con ello lograr su seguridad alimentaria en cumplimiento al objetivo número dos de los ODS.
Así que pusimos manos a la obra y lo hicimos extensivo a los caminantes, quienes decidieron sumarse a esta aventura.
Nos enfocamos en el montaje del huerto y que éste funcionara. Para ello, acudimos a los huertos de Martín y nos enseñó paso a paso todos los procesos para instalarlo.
Acudimos a casa de Ger, beneficiaria de este proyecto para plantearle nuestra propuesta. Nos pidió tiempo para pensarlo ya que aceptarlo requería de compromiso y hacer cambios en su vida.
Finalmente ella aceptó, cada uno de nosotros comenzó a generar actividades para obtener recursos, pese a las restricciones por covid-19, logramos obtener recursos suficientes para solventar el proyecto.
En un esfuerzo extraordinario y con el uso de las herramientas tecnológicas pudimos coordinarnos para determinar si el lugar era apto para el huerto, tener las medidas del espacio y hacer los cálculos del material.
Hacer dibujos, cálculos, conseguir herramientas y comprar el material, requirió de nuestro talento, la red de apoyo que tuvimos fue impresionante, ya que en todo momento se cuidó la salud de los participantes y por supuesto de la beneficiaria.
Fueron varias sesiones, horas de trabajo en las que "el aprender haciendo" fue más que evidente, ya que el uso de herramientas y materiales nos desafío, sin embargo, el trabajo en equipo y el respaldo de nuestro asesor nos dio la confianza de concluir la construcción de un módulo hidropónico con capacidad para 90 lechugas.
Se realizó el proyecto desde cero, germinando las semillas de diferentes tipos de lechuga, incorporando la semilla germinada a un contenedor plástico pequeño con sustrato que le aporta el medio ideal para seguir creciendo, en ambas fases el riego exclusivo con agua es fundamental, así como en todo el proceso de crecimiento.
Con el paso de los días la semilla crece para convertirse en plántula, y es en este momento cuando está lista para que en conjunto con el contenedor plástico donde creció se deposite en uno de los orificios realizados al tubo que mantendrá a flote y en constante riego para su optimo crecimiento.
La estructura que se realiza para contener los vasitos de plástico con las plántulas y posteriormente lechugas esta formada por tubos de PVC de 6” que llevan a lo largo en tramos acordes al espacio, una serie de perforaciones para depositar ahí el vasito conteniendo la plántula, de esta manera la raíz absorba el agua y nutrientes necesarios de manera continua aplicando cierta inclinación entre cada nivel para que fluya sin ningún tipo de inconveniente nuestra solución y se reincorpore al sistema de bombeo continuo.
Es una actividad que, para Ger, quien nos concede el espacio y la oportunidad de poner en marcha este huerto hidropónico, le brinda ayuda a mantener un estilo de vida activo, sentido de responsabilidad y pertenencia a un grupo y proyecto positivo, incluir en su vida cotidiana y en la comunidad, una alimentación saludable, completa y balanceada; realizar actividad física adecuada y necesaria para su persona.
Los huertos urbanos son muy efectivos y un trabajo u ocupación que te puede ayudar para toda la vida. Son realmente muy sencillo de hacer y es, además, una forma muy básica de ejemplificar como el hacer las cosas por nosotros mismos nos puede traer grandes beneficios, es importante que sigamos buscando nuevas formas de innovar y de hacer nuestra vida cotidiana más eco-friendly y darnos cuenta de la gran capacidad que tenemos para hacer una infinidad de cosas, despertar o aprender habilidades y trabajar en ellas, e implementarlas en nuestras actividades.
Para nosotros en lo personal y colectivo, mantener el ideal que nuestro asesor desde el inicio del proyecto nos comentaba en repetidas ocasiones, el compartir, el ayudar si en nuestras posibilidades está, con conocimiento, con recurso, lo que fuera, lo importante es hacer que crezca, mucho mejor aún como en esta ocasión que se nos brinda la oportunidad de poder ayudar a alguien más, y mejor todavía que es en pro de una comunidad a la que pertenece nuestra ahora amiga y hospedadora de este primer paso en este proyecto que tenemos la certeza replicaremos en un par, por lo menos, de lugares distintos, buscando ese beneficio y crecimiento en todos los aspectos para quienes formamos parte de este gran equipo de trabajo.