Sentir para leer
Realicé junto con otros compañeros un taller de literatura para ciegos que trataba de hacer que leer fuera una actividad más allá de pasar la vista por marcas impresas en el papel. Hicimos la literatura sensible, táctil, saboreabale y audible con sesiones en las que combinamos la lectura en voz alta de textos con experiencias sensoriables para estimular nuestros sentidos. Los normovisuales usábamos antifaces para acoplarnos a los demás. En las sesiones semanales, solíamos leer los textos en voz alta y los asistentes creaban esculturas en plastilina que describíamos los demás a partir únicamente del tacto.
Hicimos algunas sesiones de cine platicado en las que nos dividíamos las tareas: escuchar los diálogos, escuchar el acompañamiento musical, ver los personajes, ver los paisajes, para reconstruir la escena completa. Finalmente, hicimos una visita al Palacio de Bellas Artes, en que describimos a las personas ciegas las piezas y luego reproducimos estas en arcilla y plastilina para que los asistentes pudieran tocarlas
Todo esto dentro de la Casa de Apoyo al Amigo Invidente con estudiantes de ella, pues ellos querían encontrar cómo reincorporarse a la sociedad, pues ellos no nacieron siendo ciegos, en todos los aspectos: laborales, personales y artísticos.